desesperanza
somos 100 años.
Somos razón y fuerza,
y venceremos.
Venceremos, compañeros.
Que ganas de salir de nuevo,
con el brillo de los ojos en alto,
muy en alto,
extendiendo la esperanza como alas
para encontrarte allí, volando.
Levantar los puños apretados
de tanta ira, de tanta pena,
de tantas ganas de verme a tu lado
engañando al frío cada madrugada.
Leer luego las notas en tus labios
y pese a sus obras teatrales
saber de quienes no renuncian
a librar desventajosas luchas.
Nutrirnos con peligrosos sueños
-peligrosos para ellos-
arrancarnos toda amnesia,
las cadenas y los miedos,
tomarnos de la mano y avanzar.
Que ganas de sabernos contentos,
enteros, rebeldes y siempre firmes,
amándonos a media calle,
con los nuestros, con el pueblo.

Salir a la calle
se vuelve un constante encuentro
con monstruos y bellezas
con miedos que se arrojan,
fracasos que se levantan,
y desventuras que ríen,
y no puedo evitar sentirme
a veces en un circo
y otras en un cuento.
Luego regreso,
un poco enferma
por tanto aire de derrota
que se aspira cuando la cosa
no va bien,
pero quizá pensando
que al otro día
se tomarán las calles
y nos curaremos de todo,
hasta de las ausencias.
Bebo un vaso de utopía,
preparo la cama,
me despojo de ropas,
mentiras, dudas,
cansancios,
y frente al espejo
lanzo incómodas preguntas
antes de atravezarlo
y terminar una jornada más...
