miércoles, 17 de febrero de 2010

Llevo ya algunos días en la ciudad... Admito que eran más las ganas de continuar "turisteando" que las de regresar, aunque es lindo volver a ver esos rostros familiares, volver a los debates, a los efusivos saludos y despedidas diarias, a recorrer con otra mirada las mismas calles, los mismos autobuses y el mismo camino de la cama al baño...

Pero también me resulta triste llegar y que todo siga igual... ¿Pero qué esperabas?, continuamente me digo, ¿a los obreros en el poder? ¿una revolución? ¿no más pobreza? ¿que de pronto la gente está informada? ¿que la universidad es un verdadero estandarte democrático y libre de caciques? ¿que los profesores imparten excelentes clases o, ya de menos, que asisten a ellas?... ni que te hayas ido tantos siglos...

Resulta que estos últimos días ha estado lloviendo y generalmente me gusta la lluvia, la disfruto más que cualquier otro clima, pero algo le ha dibujado un rostro triste, un perfil bajo, algo le ha dejado sin voz... ando preguntándome qué podrá ser, y me detengo en algunos supuestos... quizá ese imaginario social que el 2010 resultó traer implícito, quizá el que mis relaciones sentimentales parezcan más una bola de estambre perfectamente enredada y repleta de nudos, quizá que pronto se cumplirá un año desde el último tango y que vamos para tres sin que deje de sonar el réquiem, quizá porque siguen sumándose los días desde que mi perrita se fue y ya no hay quien me reciba gustosamente cuando llego por la noche, o porque el periódico anuncia las mismas grises noticias (sin que falten las negras), o porque hay momentos en que lo siento tan lejos teniéndolo tan cerca y otros en que al sentirlo cerca descubro lo lejos que está...

Y en veces como estas es que me gusta detenerme a pensar un momento, ¿o a no pensar?, ya no sé, pues sigo observando mis pies dirigirse a casa, izquierdo, derecho, izquierdo, derecho... y siento cómo las gotas que caen forjan una diminuta máscara sobre mí, mientras intento convencerme precisamente de tener la mente en blanco, pero ¿a quién engaño? en cada suspiro hay un mundo, hay pequeños fragmentos de esperanzas color rojo, hay centenares de preguntas dispuestas a atacar, hay guitarras que se prostituyen y guitarras que cantan sin miedo, hay vidas que olvidan vivir y luchas que devuelven la vida, hay libros llenos de teoría y analfabetas llenos de sabiduría... y claro, siempre está ese susurro que repite y repite su nombre...

Entonces vienen a mi mente fragmentos de canciones, de memorias y de sueños, y maldigo el tinte melancólico con que termino impregnando todo cuando creo preferir desaparecer un rato, alejarme de mi cuerpo y de lo que conozco, respirar aire puro al menos por un par de segundos, antes de volver a gritar promesas y apretar con fuerza la mano de la que espero carisias, para adquirir ese valor que tanto anhelo, con el cual sé que puedo eliminar de mi repertorio la sensación del miedo...

Así es, pues, que llego a casa y me desvisto de tantas dudas y punzantes ideas antes de dormir, no sin preguntarme cómo es que ellos, los "malos del cuento", pueden dormir tranquilamente... y cómo es que resisto noche tras noche esperando su abrazo, su sonrisa, y la calma que me obsequia...

Olvidé qué era lo que quería compartir...

3 comentarios:

Lirken dijo...

Muy Bueno lo que escribes,Valla me encanto, Dice tanto Y a la vez Termina Donde mismo, Una divagacion Que te deja con las ganas De una respuesta..
Vale saludos Genial lo que escribes

Carlos Romero dijo...

Pues que decirte fer la neta me agrada la facilidad con que plasmas tus pensamientossentimientosvivenciasetc y pues aqui andamos. Cuando te leo me dan ganas de escribir.
Carlos

Inés Caótica dijo...

Feeeeeeeer:
¡Cuántas imágenes tan tuyas nos compartes!
Parece que nos haces una radiografía de tu mente.
Leerte es como ir contigo y a mí me gustó mucho acompañarte estas líneas pasadas. :)